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jueves, 12 de agosto de 2010

ROCKERS. Rasta-exploitation

Desde Jamaica, al igual que aquella delicia de péli canábica titulada "The Harder They Come"(1972), es de donde proviene ROCKERS (Ted Bafaloukos, 1978). Si la primera ya nos mostraba la otra cara del negocio musical -el del reggae, su mayor fuente de exportación- emparentándola con las blaxploitation americanas, en cuanto sacaba a relucir al igual que aquellas todos los problemas económicos, raciales, sociales y culturales de la gente de color (solo habría que cambiar Brooklyn por Kingstown), Rockers insiste en más de lo mismo. Cine quinqui. Cine del, y para el guetto. Ambos títulos no son más que pretextos para aprovechar el tirón que la música jamaicana gozaba en aquellos momentos (las dos llevan por título el nombre de sendas canciones de Jimmy Cliff y Bunny Wailer respectivamente, amén de estar interpretados por los propios músicos y actores no profesionales), sí. Pero tienen clase. La clase chulesca, macarra y gamberra que tanto gusta de resaltar desde estas páginas. Y de paso, además de entretener y hacernos pasar un buen rato escuchando buena música, aprovechan para denunciar las condiciones y situaciones reales del submundo jamaicano. Que visto lo visto dejaba de ser, o distaba mucho, del paraíso que creíamos conocer. Seguramente (no dejamos de hablar de una película) la realidad difiera bastante de lo visto en Rockers -en éste sentido "The Harder..." era mucho más precisa, pienso yo- pero la esencia y el mensaje que ambas pretenden lanzar está ahí. Diríamos que flota en el aire... se puede fumar.
Jamaica está que arde...
Leroy "Horsemouth" Wallace, batería real del grupo Inner Circle, no quiere ser un esclavo del negocio, ni de la sociedad que él denomina Babilonia. Decide montárselo por si mísmo, vendiendo discos por su cuenta. Para éllo pide préstamos a sus amigos para poder comprarse una moto con la que repartir sus singles. Quiero encontrar su propio lugar y vivir según sus principios (los de la religión Rastafari). Pronto se le irán a hacer puñetas sus anhelos de hacer negocio. Le roban la moto y sus discos fiados. De hecho Leroy es demasiado legal. -En una escena intenta que un rasta (todas las frases de la péli terminan con ésa palabra: rasta, que viene a ser algo así como "hermano") le pille un single, éste le dice que no tiene dinero ni tocata en el que escucharlo, así que Leroy se lo acaba regalando y diciéndole que seguramente algún "hermano" tendrá un plato en el que pincharlo..- Con una filosofía así (que ni mucho menos contaría con el beneplácito de Ramoné ni la SGAE) Leroy deja claro sus principios: antepone la música a todo lo demás.
Nuestro León de Judha motorizado, de andar bailarín lisiado y ojos ensangrentados, se pasará media péli buscando su moto mangada. Descubrirá que unos mafiosos, que resultan ser los que mueven el percal del negocio musical, son los que andan detrás de ése y más robos. Y como ésta es una historia en el fondo feliz, nuestros colocados colegas tomarán venganza a golpe de reggae y... empañando la historia (por así decirlo) del eminente optimismo que esta rítmica y colorída música desprende.
Suena buen reggae (y subgéneros como el roots). De cabo a rabo los sonidos de Burning Spear, Peter Tosh, Lee Perry & the Upsetters, Gregory Issacs.... impregnan el film. Pero de entre todas las canciones de la película sobresale la tremenda "Sweet Sensation" de los Melodians. Música de raíces que viene a resaltar el grado de unión existente entre el blues, soul, jazz, ska, reggae... y todos esos sonidos importados desde el corazón de Africa. Un lazo que une a pueblos y razas...
¡¡¡Rula ese porro, rasta!!!

viernes, 6 de marzo de 2009

-THE HARDER THEY COME...CINE CANÁBICO

THE HARDER THEY COME (Perry Henzell, 1972). Jamaica
Puede considerarse un prototipo de blaxploitation (salen negros, hay tiros, delincuentes, buena música...), pero "Caiga quien Caiga", -su estúpido título en castellano-, es mucho más que una peli de gangsters. El film jamaicano supo capturar magistralmente, un momento, una época concreta. Y descubrió para el mundo, algo nuevo, un sonido diferente, la música que conoceríamos como el reggae (que en la isla se tocaba desde siempre, vamos... música que engloba además, otros ritmos no menos bailables y "auténticos" como el Ska). Este nuevo sonido llegó a alcanzar cotas inimaginables para una isla que vivía momentos complicados. Tan solo 12 familias, adineradas y blancas, eran los dueños de todas las tierras, sufriendo los campesinos y sobre todo los rastafaris, el exclavismo. De ahí la importancia de The Harder They Come, como film de denuncia social y testimonio cultural. Filmado con solvencia por Perry Henzell como si fuese un documental, e interpretado por la estrella jamaicana del reggae, Jimmy Cliff, quien compuso (y canta) el estupendo tema que da título a la película (uno de mis favoritos de siempre, versioneado luego por gente tan dispar como Poison Idea, o Wayne Kramer). ¿La historia?... Pues, un joven labrego (nuestro Jimmy) emigra a la capital con el sueño de convertirse en cantante; allí se topará con un ambiente de corrupción y delincuencia generalizados... (los más, los mafiosos dueños de las discográficas).
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