
La única mujer en el mundo capaz de llevar legitimamente tatuado en su trasero: ESTE CULO

INVENTÓ LA FUSIÓN. Casada durante un año con el genial trompetista Miles Davis (1968-1969) Betty no sólo acentuaría los caminos jazzísticos de su marido, como haría cualquier musa con su mentor, si no que su revolucionario estilo, fusionando un cocktail tan variopinto partiendo de la psicodélia de Jimi Hendrix, el funk innovador de Sly & The Family Stone y Funkadelic, el futurismo de un Bowie, o la flema trompetera de Miles, se haría extensible a toda la música negra que vendría tras élla (superficialmente, Prince o Madonna tomarían buena nota). Esta Pantera Negra en celo, astuta y cremosa, gobernaría a su antojo, y con sus reglas, el Funk-Soul más crudo, poderoso y jodidamente excitante que te puedas encontrar. De eso no hay duda. Pero como suele suceder en estos casos, en los que aparece una estrella tan extravagante, provocativa, indómita, sexualmente explícita y, tan adelantada a su tiempo como fue nuestra Davis, ni la adormecida y comercial audiencia ni, mucho menos su país, estaban preparados para abrazar a tan extrema mujer.
Tras el shock inicial que produce una primera escucha de canciones como "
Bitches Brew", "
Shoo-B-Goop an Cop Him" o "
He was a big freak" y, tras aceptar que el sonido de la Davis quizá exiga demasiado al oyente (poco acostumbrado a sonídos tan demoledores), uno se ve empujado, a poco que se deje, al éxtasis puro y duro. Lastimando sus cuerdas vocales al límite en cada tema, Betty no hace prisioneros. Grita, aúlla, ronronea, gruñe... Soul peligroso y oscuro. Sin lugar a dudas otras muchas soul-singers te llevan al cielo... pero Betty te llevará a donde élla quiera. Ya es hora de que Betty Davis sea reconocida como una de las grandes divas del rock. Toda su discografía es recomendable (cuatro Lps entre 1973-1976)... A no ser que séas un repugnante fan de Prince, Madonna, Cristina Aguilera... y lechones por el estilo. ¿Les ha quedado claro?...