Siguiendo con el rastro de singulares españolitos sueltos por el mundo... nos hemos topado con el hippie/juppie Alejandro Vallejo-Nágera (1929-1993). Menudo personaje este señor de Burgos, oigan. Nuestro paisano lograría con sus quijotescas andanzas y bizarras patoaventuras vivir lo que todo hijo de Rasputín: una vida sin dar golpe, a cuerpo de Rey, surcando mares y océanos presto a soportar bacanales desmedidas de sexo y drogas gratis. En estos casos la fortaleza física y la salud (no necesariamente mental)del individuo han de ser considerables para disfrutarlo. Uno ha de gastar muchas calorías si espera convertirse en rajá (con harén propio), misionero, peregrino, explorador, psiquiatra de la jungla y playboy marbellí..., por no mencionar la de epidemias a evitar como inquilino en cárceles de medio globo (la más longeva 6 meses en Kabul, Pakistan).
Unos podrán decir que de 'hippie' tenía Alejandro lo que éllos de monja, o sea, nada. Que bien era un déspota y un manipulador con un ego descomunal... Que antes de ser un gurú profeta despelotado y desvergonzado, o como él mismo se bautizó, un romantico vividor, fue un aristócrata hijo de militar que dilapidó toda su fortuna en fiestas en Ibiza y Marbella. Añadirán al discurso crítico su pasado como legionario y el recuerdo de un desfile de niñez en el que el mismísimo general Franco le otorgó un eclesial saludo. Así llegarán a la conclusión de que el diabólico Alejandro 'Crusoe' Vallejo Nágera puso pies en polvorosa -hacia tierras de Oriente- una vez arruinado y en estado de 'busca y captura'... Si bien habría que apuntar que esta práctica huidiza estaba muy extendida en aquellos años del flower power en los que flipados occidentales adictos a la vagancia (y expulsados de las Baleares) aterrizaban sus posaderas en un islote de la India, Indonesia o el Japón, al igual que hiciesen en el pasado piratas del viejo mundo tan respetados como San Francisco Javier y otras buenas gentes de Dios. Vamos, que a nosotros todo este jaleo nos trae sin cuidado... Mejor no juzguemos a nadie. Tan solo añadir que digan lo que digan aplaudiremos siempre la valentía suicida de 'colgados' como Nágera y todos aquellos 'locos geniales' que se pasan las leyes de la vida por el forro... allá donde estén. Como suele decirse.. que les quiten lo bailao...
"La Cueva de Alí Babá" echó el cierre, "La Oveja Negra" también (así bautizó su crápula dueño a dos de las tabernas que regentó en los remotos mares del Sur), las indígenas de Karanguten le echan de menos y el aguardiente de palmera ya no es lo que era (por no hablar de la calidad de las drogas). El burgalés se merece una película documental tanto como Nick Nolte se mereció protagonizar una ficticia historia, muy parecida, en aquel extraño film bélico titulado Adiós al Rey (1988). Con cierto aire al mencionado personaje del film de Milius, Alejandro reinó a su manera perdido entre frondosas vegetaciones psicotrópicas, aguas cálidas y amigos indios de radiante dentadura blanca, sin gastar nunca un dolar, amando, robando y bebiendo de la caridad de la tribu. Y eso, amigos míos, ya no está solo al alcance de las estrellas del cine... Y todo gracias a Nágera
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miércoles, 22 de enero de 2014
domingo, 12 de mayo de 2013
ESPAÑOLES POR EL MUNDO: TONY SANCHEZ, alias Spanish Tony, camello y hombre para todo de Keith Richards.
Este número viajamos al Londres de los años 60 y 70 para conocer a este "ilustre" españolito hijo de emigrantes gaditanos que se ganó un empleo como surtidor de sustancias dopantes del figura Keith Richards; amén de hombre para todo. El Spanish Tony, apodo con el que era conocido dentro de los círculos stonianos, presumiría de escritor cuando en 1979 lanzó un libro titulado Yo fui el camello de Keith Richards (Up and down with the Rolling Stones, Tony Sanchez. Contra ediciones) aprovechándose de los años de cercanía con el guitarrista y su banda. A tenor de lo que cuenta, el título se queda corto. El espabilado de Sanchez, que cobraba según él (porque todo en esta historia es según él) 250 libras a la semana, no solo le conseguía drogas a nuestra satánica majestad sino que además las transportaba (cuenta que papá Richards ocultó en alguna ocasión droga en los pañales de su hijo para cruzar aduanas), apalizaba a gente molesta, se encargaba de conseguir y apaciguar a las groopies, negociaba con policías, cuidaba residencias, ejercía de chofer, y mil deberes más. Que se decidiera contar todo esto era cuestión de tiempo... y falta de dinero, suponemos. Este yonqui arrepentido, con antecedentes de gangster de tres al cuarto, que fuera crupier y dueño de un club londinense (El Vesubio)-al que acudían entre otros John Lennon y Paul McCarthy-,
conseguiría una polvorosa atención gracias al citado libro. Una colección de anecdotas y cotilleos crueles, al más puro estilo barriobajero del 'coge-el-dinero-y-corre', escrito a lo bruto, sin ningún pudor, falto de imaginación pero sobrado de escrúpulos. Sus páginas están repletas de tramposas lecciones morales, kilos y kilos de heroína, séquitos mafiosos, diálogos inventados, hemodiálisis (en Suiza, of course), y tantas simetrías sospechosas en sus afirmaciones y deducciones como jeringuillas y carcajadas en su contenido. Cuenta Richards -que se partió el culo leyendo el libro- que aquella no era la voz de Spanish Tony. Hombre, nosotros creemos que algo de toda esta locura debería de ser cierto cuando el mismo Diablo utilizó cosas de este relato para su propia autobiografía "Vida".Ya que como Keith Richards dice que él jamás tuvo que ver nada con el jako, que no hay nada turbio en su pasado y demás milongas, un servidor -como John Ford-, seguirá prefiriendo la leyenda a la realidad. A leer, pues.
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