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martes, 24 de agosto de 2010

DESTINO: ALCATRAZ

El legendario islote ya existía como lugar de presidio y aislamiento en el siglo 19. Los índios nativos de la Bahía de San Francisco siempre creyeron que aquel era un lugar maldito. El faro y el fuerte que lo coronan fueron construidos durante la guerra de Secesión americana. La pequeña isla ya albergaba pués a presos confederados antes de convertirse en la famosa Isla del Diablo de la que tanto nos contaron desde el cine y las películas. También llamada La Roca, esta siniestra isla de apenas 9 hectáreas se convertiría en la primera cárcel de Máxima Seguridad de los EE.UU. A partir de 1934, año de su inauguración, esta cárcel federal estaría reservada a los presos más violentos y peligrosos de América. Podría decirse que Alcatraz era el último recurso. Si sus inquilinos (Capone fue uno de tantos) tenían fama de duros y peligrosos los agentes que les custodiaban eran asimismo los más duros del país; y cabría suponer que igual de peligrosos. Los prisioneros, afinados entre cuatro paredes de un metro y médio por 2'75, apenas tenían contacto los unos con los otros. El Alcaide era el amo y señor del castillo, el que lo decidía todo, si morías o vivías. Sin su consentimiento ni siquiera podían los familiares adceder -por ley- a visitar a sus presos una vez al més. Y al reo que se pasase de listo le estaría esperando la suitte más húmeda y mohosa del balneario: la Celda de aislamiento en el Bloque D. Temído "agujero" del que pocos regresaban cuerdos... si és que lograban salir.
Todo ese aire de máxima seguridad del que hizo gala Alcatraz durante años se vendría al garete cuando en 1963 tres presos lograron protagonizar la fuga más espectacular ocurrida en la isla. Fran Morris, Clarence Anglin y su hermano John Anglin (que de estar supuestamente vivos rondarían los 80 años) fueron los encargados de tal hazaña. No se sabe si perecieron en sus frías aguas o qué sucedió tras la fuga, pero su huída precipitaría poco después el cierre definitivo de Alcatraz como prisión. Se estima que a lo largo de sus 30 años de historia 64 hombres murieron tras las rejas y muros de cemento tratando de escapar, suicidados, torturados o enloquecidos (todavía hoy perduran las historias de fantasmas y apariciones). Huvo a su vez otros intentos anteriores de fugas o evasión (hasta 23); los informes oficiales hablan de 6 presos abatidos, 2 ahogados... Tal vez haya a su alrededor un secretismo y misterio acrecentado por las historias made in Hollywood que han convertido Alcatraz en un mito o leyenda urbana. Echémos un repaso a algunas de las películas -que primero me vienen a la mente- que un servidor a podido ver sobre tan conocida isla:
- FUGA DE ALCATRAZ. Don Siegel, 1979. El reencuentro entre Siegel y Eastwood tras varios años separados. Basada en los supuestos hechos reales sobre la sorprendente huída de Morris y los hermanos Anglin. El maestro Siegel reconstruye los preparativos y posterior fuga de lo que parecía una fortaleza contruída para evitar cualquier intento de evasión.
- EL HOMBRE DE ALCATRAZ. John Frankenheimer, 1962. La mejor historia, para mi gusto, de todas las pélis sobre tan cinematográfica isla-prisión. Otra historia basada en hechos reales. Como un hombre (sublime Burt Lancaster) se redime de dos asesinatos y una condena a cadena perpétua, adoptando un gorrión que capturó en su celda y convirtiéndose a partir de entonces en el mayor especialista mundial sobre ornitología. Aquí no hay fugas ni conato alguno de evasión. Solo vida y muerte entre rejas. Completan el gran reparto Edmond O'Brien, Karl Malden y el "kojak" Telly Savalas.
- A QUEMARROPA. John Boorman, 1967. Alcatraz más siniestra y ruinosa que nunca. Si bien la historia tan solo tiene a Alcatraz como punto de partida y final de tan loable film, la isla juega un papel primordial para entender los personajes y el aire claustrofóbico que el director de "Deliverance" tan bien sabía imprimir a sus películas.
- Luego estarían "LA ROCA"(1996), un bodrio de acción típico de su momento y al servicio de la estrella de turno (en este caso Sean Conery y Nicolas Cage)... y algún título más que vosotros haréis bien en recordarme. Para finalizar decir que la aceptable "Sutter Island" de Scorsese en algunos momentos me trajo a la memoria la isla maldita de Alcatraz. Aquella a cuales viejos proverbios indios aconsejaban no acercarse.
Hoy es un lugar y destino turístico que recibe miles de visitantes al año. De tan siniestro peñón, se han escrito libros y filmado decenas de películas y documentales. A nadie escapa que lugares preventivos como ése seguirán atrayéndonos misteriosamente. Y es que alcatrazes y guantánamos los hubo, los hay, y los habrá siempre.

jueves, 12 de marzo de 2009

-VILLAGE MUSIC... Probablemente la mejor tienda de discos del mundo

(... Y al decir discos me refiero al vinilo ¿Ok?).
El paraíso al que todo jonqui adicto al surco vinílico desearía entrar. Lo más cerca de estar "knocking on heaven's door"... ¡y a precios de saldo!, a que se os ponen los dientes largos ¿eh?. El amiguete de la fotografía es John Goddard el dueño de semejante palacete. Mejor dicho era, porque VILLAGE MUSIC cerró sus puertas tras más de 40 años de amor a la música (John abrió la tienda en 1968, pero ya trabajaba en la misma desde el 1957) ¿y por qué?, pues por una juvilación muy meditada por el propietario, aunque el factor más determinante el la subida desmesurada de los alquileres en la zona de Mill Valley, -cuando empezó el hombre pagaba 200$ mes, hoy el alquiler ascendía a 10.000$ mensuales-.
Su historia es la de un privilegiado que pasó toda su vida amasando pilas de discos; aprendiendo e investigando, expandiendo sus horizontes musicales y manteniéndose fiel al vinilo, hasta reunir material suficiente como para parar un tren (o dos si son pequeños). Jazz, gospel, folk, salsa, country, doo-wop, new wave...40's, 50's, 60's, 70's, 80's, 90's, memorabilia, parafernalias (cuenta que la cosa más cara que vendió fue un poster de la ultima gira de Buddy Holly, en 12.000$), y una reputación ganada a pulso en todo el globo terráqueo. John comenta emocionado la satisfacción que fue para él tener como clientela a gente como Jerry García, Carlos Santana, Ry Cooder, John Lee Hooker, BB King, Elvis Costello o Nick Lowe, músicos con los que mantiene una sincera amistad. Uno no puede dejar de sentir admiración y bastante "envidia sana" del viejo John Goddard, una especie de personaje parecido al papel protagonista que interpretó John Cusack en Alta Fidelidad(High Fidelity, 2000. Stephen Frears), ¡¡ya quisiera yo heredar estas cuatro paredes aunque me endeudase de por vida!!. Un dato curioso (y que dice mucho de la personalidad del tal John) son los originales apartados que John solía tener en distintos cajones, con varios tipos de listas: "Mis favoritos de la semana" (decir que el primer concierto al que acudió con 12 años fue Little Richard, ahí es nada!); "A veces una portada es bastante"; o el cajón del "Hall of Fame", en el que mete cosas objetivamente perfectas que "si alguien no le gustan, el problema es claramente suyo, no de los discos...". Sencillamente genial.

jueves, 2 de octubre de 2008

NEW YORK CITY: CONEY ISLAND, DEL ESPLENDOR... A LA TOMADURA DE PELO.

Vuelvo a subirme una vez más, en el táxi de Travis. Dirección Coney Island, al sureste de Nueva York, mítico enclave considerado el vertedero moral de la megalópolis por excelencia. Su accidentada historia así lo atestigua. Durante muchos años su paseo marítimo, con sus freakshows, sus locales de apuestas, sus carreras de caballos y sus burdeles convertían Coney Island en una ciudad sin ley (¡hasta 1868, no había policía!) regida por sus propias leyes y por políticos corruptos. De destino veraniego de lujo frecuentado por la élite... a hervidero de pecado y diversión donde los visitantes eran timados sin misericordia. El "truco", el "fraude"... todos querían sacar tajada de esta Sodoma de bolsillo. Así el excéntrico empresario de espectáculos Samuel W. Gumpertz (que había trabajado en el circo de Buffalo Bill y había sido el primer representante de Houdini) emprendió en 1904, con el arte del freak-show, la edad dorada de Coney Island; El primer parque temático de la historia. El templo sagrado del espectáculo. El Pasado Glorioso. Dreamland. El tal Gumpertz (entre 1905 y 1929) recorrió el planeta a lo largo y ancho para encontrar esos fenómenos con los que asombrar y dejar pasmados a los miles de atónitos que acudieran a su centro de operaciones, el concurridísimo parque de atracciones Dreamland. En ese largo período de años introdujo (para asombro del departamento de inmigración) 3.800 individuos pintorescos reclutados en los más remotos puntos del globo terráqueo. Entre ellos 212 bantocs de Filipinas -especialistas en lanzamiento de dardos envenenados-, 18 jinetes argelinos, 19 hombres salvajes de Borneo, 125 guerreros somalíes practicantes de la automutilación ritual y hasta mujeres de distintas tribus que ensanchan sus labios -con piezas de madera-, o sus cuellos -con anillos-. Menudas expediciones se montaba el tío... plantas, animales, utensilios, antiguedades y demás parafernalia viajaban (imagínate, ¡eran los días de Willie Fog!..) con destino New York. Pero la joya de la corona de este pequeño imperio sin parangón fue sin lugar a dudas la construcción de una ciudad a escala diminuta (para gloria y honra de todos los enanitos del mundo) de nombre LILLIPUTIA. Dicha ciudad en miniatura reproducía meticulosamente el aspecto de Nurember en el siglo XV, contaba con 300 ciudadanos enanos y tenía su propio parlamento. El cuerpo de bomberos de Lilliputia realizaba ¡¡cada hora!! un simulacro de incendio para deleite de los visitantes. Todo estaba cuidado hasta el último detalle: cada hogar tenía su propio cuarto de baño a escala, tenían un establo de ponys, un teatro de enanos, un corral con minúsculas gallinas Bantam y un buen número de lavanderías regentadas por ¡¡ enanos chinos !!. Contaban incluso con su propia versión de la aristocrácia en las figuras del conde y la condesa Magri. En un espectáculo sin parangón Gumpertz había organizado periódicos paseos de gigantes por la ciudad para que el público pudiese darse cuenta de hasta qué punto eran pequeños los pequeños habitantes de Lilliputia. Cuando Dreamland cerraba sus puertas, los enanos vivían lujosamente en comuna sumergidos en la ilusión de contar por fin, con un mundo a su medida. Otra de las muchas atracciones que podían verse en Dreamland eran las ¡¡ reconstrucciones de catástrofes !! (precedente lejano de esas pelis de catástrofes que hoy dia tan en voga están). La inundación de la ciudad tejana de Galveston, la erupción del volcán Pelee de la isla de Martinica, el terremoto de San Francisco, la caída de Pompeya... En Dreamland contrajeron matrimonio La Chica Mono y el Chico Cocodrilo. Sufrió martirio La Fuente Humana (lanzaba agua a través de sus dedos y sus tobillos, simulados por pequeños tubos que introducía bajo su piel), o murió el Hombre Azul, que sacó provecho de la desconcertante pigmentación de su piel provocada por las dosis de nitrato de hierro que ingería. Actualmente Coney Island parece una ciudad fantasma, una tomadura de pelo. Chiringuitos sin clientes, casetas de tiro con las persianas bajadas, un Tren del Terror al que da mil vueltas cualquiera de los que abundan en nuestras ferias itinerantes, sucios carteles que prometen "Lo más... de lo más" y asombran por su ridiculez. Nada queda de aquella ciudad mágica salvo la espectacular Wonder Wheel, una inmensa noria que aún conserva buena parte de su añejo encanto. Para la redacción de este retrato he contado con la inestimable ayuda del genial Jordi Costa (leer Mondo Bulldog). Las gracias a él.
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