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jueves, 17 de diciembre de 2009

-MAE WEST. LA CENSURA ERA ELLA

"Las chicas buenas van al cielo. Las chicas malas vamos a todas partes"
-Mucho se ha hablado, y se hablará, de las "femme fatale" de la historia del séptimo arte. Pero la más memorable -por méritos propios y sonados-, la más original y la más fantástica de todas aquellas "vamps" es y será siempre la inigualable doña MAE WEST. Cachonda y pintoresca a más no poder la Mae irrumpiría como un tornado en el Hollywood de los años 30, ya con cuarenta tacos cumplidos (sic), dispuesta a no dejar indiferente a todo aquel que la viese en acción.
De estrafalario aspecto e ingeniosa y descarada verborrea, la Mae era una pícara de cuidado (solía presentarse de esta guisa: "¿llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?"). Pero no confundamos. Pese a lo que pueda parecer, la actriz nacida en Brooklyn, New York 1893, era más tierna que fatal, más traviesa que escandalosa (curioso es que jamás se supo de un solo escándalo de élla en su discreta vida privada), eso sí, poseedora de un desparpajo encantador. La Mae no es que fuera una diosa de la belleza pero causaba impacto. Diminuta y estridente, embutida en corpiños que elevaban sus tremendas tetazas, adornada como un arbol navideño con bisutería, plumas, boas... la Mae sabía engatusar.
Para el recuerdo, aquellas olvidadas películas suyas dónde la gatuna Mae sacaba brillo a sus agudos y chispeantes diálogos de doble sentido (algo perdido en el cine de hoy y que hacía grande aquel cine) y sus insinuaciones erótico-irónicas a lo Groucho Marx. Devido a su actuación en "Nacida para pecar"(Lady Lou. Lowell Sherman, 1933) -donde "abusaría" de un jovencito Cary grant, descubierto por ella-, Mae conseguiría ser la causante de que se creara La Liga de la Decencia y su famoso código ético de censura. Esa era una de las dos cosas de las que se vanagloriaba nuestra diva. La otra fue saber que era el disfraz preferido en todas las fiestas homosexuales más sonadas de Nueva York, dónde todas las reinonas "drag" preferían disfrazarse de Mae West antes que de la Garbo o la Dietrich.
Alguien tan "surrealista" como Mae dificilmente pasararía desapercivida al arte del gran Dalí. Éste le dedicaría todo el diseño del salón de una casa, con un sofá en forma de labios rojos y carnosos... como no podía ser de otra manera tratándose de tan influyente y memorable MUJER.
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