martes, 30 de noviembre de 2010

BRYAN GREGORY: El Boris Karloff del Rock&Roll

Gregory Beckerleg (1951-2001) se cambiaría el nombre al de Bryan Gregory en honor a su ídolo Brian Jones (el guitarra muerto de los Stones) y con una guitarra de segunda mano que le había costado 85 dólares, en la que manda grabar el nombre Cramps sin dudarlo, se presenta en el ensayo de la por aquel entónces en ciernes banda neoyorquina, dispuesto a combertirse en el guitarrista más zumbado y con mejor pinta del punk-rock. Ese día deja claro a Lux (al que había conocido en la misma tienda de discos en la que ambos trabajaban) y a Ivy (se da la coincidencia de que ambos celebran el mismo día de cumpleaños) que acepta formar parte de la banda pero que él es un guitarrista y no dará su brazo a torcer (la pareja tenía previsto que fuese Gregory su bajista). Nace así la marciana formación de rockabilly... ¡sin bajo! , a eso se le llama empezar rompiendo. Los originales Cramps se completan cuando su hermana Pam, a la batería, es bautizada por el grupo como Pam Balam, corría el año de 1976. Ya está. Desde que debutaran en el CBGB y hasta que Julien Griensnatch la guitarrista de The Mad (substituida más tarde por Kid Congo Powers de Gun Club) le sustituya en 1980, el tipo excéntrico de ojos endiablados, rostro demacrado por el acné y pómulos calavericos que le dan un toque siniestro, aportaría su granito de arena para lograr el tan particular sonido pantanoso y de ritmo voodoo por el que serían conocidos los vibrantes Cramps. Atrás quedarán años de sembrar el terror entre los pacientes de hospitales mentales (al concierto del Napa State Mental Hospital me remito), de versionear antes que nadie clásicos del rock&roll como "They way I walk" y "Surfin' bird", de cruzarse con figuras como Alex Chilton (antiguo cantante de los Box Tops y fundador de los venerados Big Star), de discazos como Songs The Lord Taught Us y de grandiosas actuaciones salvajes y locas, y cómo no, de su marca de fábrica de tocar la guitarra realmente zumbante y anárquica. ------ EL HERMOSO MONSTRUO GIGOLÓ: Las historias que cuentan del guapo de Gregory darían para rellenar un listín telefónico en blanco. Se mudó a Nueva York desde Detroit, lugar en el que nació, donde había sido operario en una fábrica y cantante de un grupo llamado Square Bubbles. Además de fanático del ocultismo y de ser fanático de la banda de su pueblo -los crudos proto-punks Stooges-, este ladrón de cadáveres, violador de tumbas, animal de basurero y forajido del rock and roll era un apasionado devorador de cine de Ciencia Ficción y cine de Terror. Éste Frankenstein de las seis cuerdas, además, diseñaría joyas, dibujos al carbón, ropa y vestuario para obras de teatro de terror, amén de ser maquillador, ayudante de enfermos a tiempo parcial, un comerciante ruinoso y un arrepentido pecador militante de grupos religiosos (sic), ésto ultimo después de abandonar erróneamente The Cramps. El crujiente y lisérgico guitarrista hot-rod-psycho-punker de espíritu rebelde e indomable, acabaría resultando todo un tormento para Lux y Ivy. Estando la banda de gira en Inglaterra, Bryan Gregory y su novia Andrella Canne, la encargada de las luces en los bolos del combo, sorprenden todos al desaparecer, a media noche, llevándose la camioneta y el equipo de sonido de la banda. Lux y Ivy contarían posteriormente que ya llevaban semanas sin dirigirse la palabra y que a lo que en realidad aspiraba Bryan, era a convertirse en estrella del cine de terror, ocupando el vacío que dejó la muerte de su gran ídolo Boris Karloff. Otros rumores del abandono de Bryan indicaban que había muerto, promovidos supuestamente por el propio interesado, pero la realidad tendría que ver, como casi siempre ocurre en estos casos, con desavenencias musicales (Bee Gees, Pretenders, The Hollies... y cursilados gustos semejantes del nuevo Bryan Gregory tendrían buena culpa de éllo). Una pena, vamos. Adiós para siempre a una bestia crampiana, de genuino reverso tenebroso, que devoraba sus propios cigarrillos, encendidos, lo que ya desvelaba al imparable exhibicionista que llevaba dentro. Bryan coleccionaba tierra del cementerio que llevaba en una bolsita colgada, a modo de amuleto, alrededor de su cuello. Atesoraba también una nutrida colección de huesos humanos y parafernalia vudú. Y hay quien asegura que él y su novia Andrella andaban metidos en prácticas satánicas, hechos que Bryan nuncá negó pues simplemente se limitaba a decir: "...yo de religión no hablo". Al dejar plantados a los Cramps, se cortó su carismático mechón canoso; posó desnudo, embuelto en una serpiente Pitón para una revista de Los Angeles (foto2); y afirmó que su próximo sería meterse de lleno en el mundo del cine. Meses más tarde ya había desaparecido de la faz de la tierra. No sin antes fundar su propio grupo, Beast (un single fue todo el bagaje de aquella aventura), y hablar de un proyecto junto a Stiv Bators que jamás llegó a producirse. Perseguido por su mala fama, correrían rumores sobre su vida privada... Qué si estaba en Florida trabajando como tatuador, qué si regentaba una cadena de Sex-Shops, qué si cumplía condena por tráfico de drogas... Pero en realidad, como desvelarían Lux y Ivy, era que malvivía en Cleveland a expensas de una mujer mucho mayor que él. Un triste final para el que, en otro tiempo, había sido un ángel oscuro de potente imagen, dueño de un sublime desequilibrio como guitarrista-sierra. Poseedor de un inefable minimalismo sónico que tan bien supo aplicar a las primeras y más genuínas grabaciones de los Cramps. Un guitarra que no supo vivir con su rol y acabó enfrentándose al duo que regía el destino del grupo (después de él, Lux y Ivy se asegurarían de no tener jamás a alguien con un papel tan relevante en su banda), para terminar sus días como un gigoló de tercera. Él, que había sido bautizado como "el hombre más guapo de rock and roll".

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