miércoles, 18 de enero de 2012

MUJERES ATÓMICAS: YVETTE VICKERS

La bella y afrodisiaca starllette Yvette Vickers (1928-2011) fue recientemente, más noticia, por la forma de morirse (tras encontrar una vecina su cuerpo en descomposición ¡tras más de un año muerta!) que por lo encantadora que llegó a ser en vida. Ya olvidada y desatendida, contaba 82 años. Atrás habían quedado sus días de gloria como actriz de Serie B, conejita playboy y saltadora de obstáculos varios. Su final fue carne de tabloide sensacionalista, carroña para los más carroñeros. Así de grato es Hollywood, para que engañarnos. Nosotros, los que reconocemos y sabemos apreciar el talento 'extraterrestre' cuando lo tenemos enfrente, nos rendímos ante mujeres de semejante guisa. Hechas de otra pasta. Peligrosas... -Por el peligro que representaban para la masculinidad engominada de la época-. Hembras decididas. Independientes (estamos hablando de buscarse la vida currando, mientras los hombres libran la Segunda Guerra Mundial). Pero como bien silba aquella canción "..it's a long way to the top, if you wanna rock&roll ...", es de suponer que nuestra perla de Kansas City (al igual que muchas otras y heróicas 'reinas del grito' pioneras) chupase muchas pollas ricachonas antes de obtener un primer papel de relevancia en una película de Holywood (papeles sin acreditar en Sunset Blvd.(50), The Sound of Fury (50), El Recluta (57) y, a saber qué títulos más, fueron un comienzo). Y esa oportunidad le llegaría dentro del cine fanta-científico de los 50. Un glorioso título de culto de la serie B titulado ATTACK OF THE FITY FOOT WOMAN (Nathan Juran, 1958) de la que formó parte (años después, en 1993, otra atómica, Daryl Hannah, protagonizaría un insulso remake a todo color). Los amantes del gigantismo y de la estructura genética nunca olvidarémos aquellos 50 kilates. El impulso le duraría poco más; Attack of the giant Leeches (El ataque de las sanguijuelas gigantes. Liz Walker,1959) sería su última aparición en celuloide estelar de autocine. El final ya lo conocen. Ganarse el pan el seriales de tv. y de ahí a la momificación. Una lástima. Pero lo atómico no se desvanece así como así, amigos míos. El recuerdo de Yvette tumbada en el sofá rodeada de vinilos dormirá conmigo hasta el fin de mis días.
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