lunes, 2 de abril de 2012

MUJERES ATÓMICAS: MARIE DEVEREUX

Mujer de atributos divinos, no pasará a la historia por sus dotes interpretativas. Que va. Ni siquiera figura su nombre en wikipedia alguna. En una lista de las actrices sin acreditar más olvidadas del cine sí aparecería su nombre. Su apellído delata raíces francesas pero nació en Londres en 1941. A los 17 años comenzó a trabajar en televisión como actriz de reparto, claro está, sin acreditar. Sería en 1959 cuando se dió un paseo por los estudios de la Hammer y logró colarse en dos films del gran Terence Fisher. Siempre en papeles minúsculos, pero siempre preciosa. Primero en la exótica y poco conocida Los Extranguladores de Bombay (foto 1), y seguidamente en la fabulosa Las Novias de Drácula(1960), en la que resplandecía esbelta en el papel de una chica de pueblo. La competencia, en cuanto a reinas del grito, dentro de la Casa del Terror, era tremenda. Así que la buenaza de Marie Devereux tuvo que buscarse el pan en otra parte. Los (avispados) fans de Marie tendrían ocasión de ojear una vez más su impresionante figura -sin acreditar- en títulos menores como Hombre Marcado (Guy Green, 1961) o en Los Piratas de Blood River (John Gilling, 1962), en un papel, estilo las Mil y una Noches, que le iba de maravilla. Su logro más cinéfilo, para muchos, fue cuando dobló deslumbrantemente en varias secuencias a Elizabeth Taylor en Cleopatra (1963). Cuerpo y hermosura no le faltaba. Pero si en aTumbaAbierta valoramos a Marie como se merece, no solo es por su deslumbrante fotogénia, que dicho sea de paso, desata los instintos más primitivos de un servidor, sino por tener el placer de haber colaborado con génios de la talla de T. Fisher, ya citado, o un Samuel Fuller, gente de la que somos aférrimos seguidores en esta casa. Con el rebelde y pequeño matón del puro en la boca trabajó en Corredor sin Retorno(1963) y Una Luz en el Hampa(1964); un director y dos títulos que no necesitan presentación. En esta última sí estaba acreditada, Buff se llamaba su personaje, y que nosotros sepamos no se ha vuelto a saber de ella. Eso sí, una medalla a quien logre reconocerla entre tanto figurante en los films citados. Una pista, busquen en el encuadre a una delicada fuerza de la naturaleza, menos ligerita de ropa de lo que quisiéramos, sin línea de diálogo alguna, pero capaz de seducir con su mirada felina a todo hombre de provecho. Una vez más, aquellas explendorosas mujeres como Marie Devereux merecen todo nuestro respeto y admiración. Sin ellas la vida no sería lo mismo.
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