sábado, 28 de marzo de 2015

NO SE TE PUEDE ECHAR MÁS DE MENOS, PRINCIPE. (René Lavand, R.I.P.)

(Lavand y Tamaríz echándose una brisca)

No hace mucho localicé un vídeo en la red infernal que me tele-transportó a principios de los años 80, a mis años de infancia. Viendo a ese señor del bigote blandir su baraja a una mano algo se activó en mi cerebro como por arte de Mágia. As, dos, tres, cuatro...¡Tachánnnn!. Se llamaba René Lavand, y no era una ilusión. ¡Grácias, Juan (Tamaríz) por aquellos programas, y por traérmelo de vuelta del baúl de los recuerdos! Esa voz pausada, profunda, hipnótica...Era él, sin duda ¡El mago de un solo brazo! ¿Cómo pude olvidarme?  Tenía que acabar de ver el documental y así lo hice. Lo que me reveló aquella escasa hora de cinta fue la historia de un verdadero genio del arte. Una de esas personas únicas (lamentablemente, ya de otra época), sencillas, humildes que hacen de su trabajo y de su existencia un regalo para los demás. Gente como René Lavand (1928 -2015) dignifican al ser humano. Son éllos, los Lavand, Chaplin, Tesla, Guthrie y demás familia la gente que merece ser reconocida como estandarte de la Humanidad. Nos enseñan, nos divierten, nos asombran, y sí, nos matan, pero de ASOMBRO. Lo único que roban son aplausos. No se cuelgan medallas pero sí las rechazan. Pocas veces ganan pero jamás pierden. Por encima de este mundo ruin y mezquino están los tipos como Lavand. Crecimos viéndolos por la tele y hoy les decimos adiós aunque a casi nadie le importe una mierda. Descansa en paz, principe.



   











lunes, 23 de marzo de 2015

PAPELES: LONDRES DESPUÉS DE MEDIANOCHE


Magnífico debut el del mejicano Augusto Cruz (1971) con una novela de intriga que nos remite al Bradbury de Cementerio de lunáticos (1990), al Carpenter de El fin del mundo en 35 mm (2005), a las road movies apasionantes, a esas audaces correrías tras arcas perdidas y santos griales que trasiegan en paralelo a El corazón de las tinieblas y otros mundos perdidos envueltos en misterio. Pero hay más. Dentro del fascinante material de ficción de Londres después de midianoche nos aguardan leyendas urbanas sobre míticas películas de vampiros desaparecidas hace décadas por el nitrato del tiempo, exagentes del FBI con pasado funesto (incluso se nos regala narra un retrato veraz e indiscreto del mismísimo J. Edgar Hoover), famosos coleccionistas de parafernalia terrorífica (Forrest Ackerman, as himself), übervillanos a lo Dr. No, legendarios hombres de las mil caras y particulares mitos del cine mudo. Felicidades al escritor por brindarnos esta deslumbrante, rara y extraña trama detectivesca, este extraordinario planteamiento narrativo enormemente documentado (y gestionado) que enchufa al lector a unos niveles de obsesión y dramatismo, simbolismo y paradoja digno de los grandes pasatiempos literarios de ayer y de siempre. Un diez.

martes, 17 de marzo de 2015

RICHARD PRYOR. ¡ESTE NEGRO TIENE EL PODER!


RICHARD PRYOR: OMIT THE LOGIG (Maria Zenovich, 2013) es El DOCUMENTAL, tío. Una de esas locas y apasionadas historias sobre la comedia de la vida vivida, de la vida sentida y sufrida que ningún lector de este cochambroso fandom se debería perder por nada del mundo. Aquí salen parientes que matan peces y disparan sobre cuadros de Charly Parker, se cuentan chistes gamberros que gustan a putas y proxenetas, a negros y blancos, se dilapidan fortunas, matrimonios y montículos de coca. En este cuento las mamás chupan pollas en el burdel de la abuelita, los cómicos se cuelgan de las lámparas de los casinos, bromean sobre sus problemas de salud, se plantan fuego a lo gonzo y no dejan ningún orificio sin penetrar. Decir que el protagonista de esta historia Richard Pryor se pasaba de la raya sería un chiste fácil. A nosotros nos interesa sobretodo su arte, su ingenio, su manera de romper moldes y reglas. El negro sensible maestro de la improvisación que jamás repetía un show igual al anterior y al que censuraban en televisión. Al bala de cañón que terminó sus días en silla de ruedas podrido por la esclerosis múltiple, al humorista capaz de paralizar Sunset Street y acostarse con Pam Grier y cientos de novias más. ¡Lo conseguiste, hermano! Si lo que siempre quisiste fue hacernos reír a fe que lo lograste. No hay más que ver tu careto y a este menda se le dibuja una enorme sonrisa en la cara, y empieza a recordar...



jueves, 12 de marzo de 2015

OBITUARIOS: FRANCESCO ROSI, EXCELENTÍSIMO CINEASTA EN BUSCA DE LA VERDAD.

Francesco Rosi (1922 - 2015)
Leones de oro y conchas de plata jalonan la carrera de este excelentísimo director italiano. El cine mundial ha perdido a uno de los grandes analistas e investigadores de la democracia occidental que a través de su cámara supo desvelar con empeño los bajos fondos de la política, la corrupción y la mafia sin olvidarse de los problemas sociales. Murió tranquilo en su cama de Roma, satisfecho de haber buscado siempre la verdad y la belleza en sus películas. El director napolitano supo detectar los peligros reales del mundo cruel y despiadado que nos ha tocado vivir, supo filmarlos y mostrárselos a los espectadores a modo de advertencia. Así nos entregó un puñado de films sobresalientes que indagaban en "los mecanismos del poder, los mecanismos del dolor, las dinámicas físicas y morales del dominio del hombre sobre el hombre. Una obsesión por entender y enseñar todo aquello que hay detrás, debajo y al lado de un hecho" (Roverto Saviano dixit).
En la filmoteca Rosi se denuncian sabotajes, conspiraciones, intereses ocultos, especulaciones urbanísticas, crímenes e intrigas político-financieras, bandolerismo, organizaciones criminales, vendettas... y muchos misterios más sin resolver. Ahora que sabemos que el gangster tradicional cedió su lugar al ejecutivo moderno y que el epitafio "todo está en sus manos" -como diría un personaje mafioso de una de sus películas- retrata más que nunca la plaga nauseabunda que corroe nuestra realidad social, no estaría de más (de hecho es obligación de todo tumbero que se precie) volver a repasar el listado de títulos honoris causa que han hecho de Francesco Rosi una brillante estela a seguir. Hablamos de las rotundas Excelentísimos Cadáveres (Cadaveri Eccellenti, 1975), con Lino Ventura en su sempiterno papel de comisario de policía metiéndose en la cueva del lobo feroz, secundado en este caso por un grandísimo reparto encabezado nuestro añorado Fernando Rey y un siempre pletórico Max Von Sidow; El caso Mattei (1972) en la cual se desmenuza el trágico suceso biográfico que ocasionó la muerte de un conocido magnate de la industria italiana, a la postre premiado en Cannes; la más que apreciable Lucky Luciano (1973), centrada en los últimos años de vida del conocido capo siciliano; Las manos sobre la ciudad (Le mani sulla città, 1963), poderoso drama ambientado en la corrupción urbanística de su ciudad natal, Nápoles, y galardonado en Venecia, que el difunto maestro rodó inmediatamente después de la película que dio inicio a su fama como director: Salvatore Giuliano (1962), pieza maestra del séptimo arte comentada en su día en estas mismas páginas. Hasta aquí nuestra labor de recordar su paso por esta esfera giratoria a la que llamamos Tierra. Esperemos que la senda de sus pisadas no queden cubiertas por la mugre reinante y que nuevos cineastas con similar espíritu se atrevan a contarnos las miserias del ser humano con, al menos, la mitad de ímpetu, fe y coraje con el que acostumbraba este señor a vivir las películas de su vida . D.E.P.


domingo, 8 de marzo de 2015

OBITUARIOS: KEN TAKAKURA, MI EX-YAKUZA PREFERIDO



El cine japonés ha perdido a un grande y al resto del mundo parece no importarle. Vale, el idioma es un lastre, pero actores de la talla de Ken Takakura (Mifune, Kitano...) han dejado claro que tienen un hueco en la cinematografía mundial, que una mirada en primer plano, un tic fuera de guión, un gesto natural, una arruga facial, valen más que mil palabras de la estrella occidental de turno. Los pocos medios que informaron de su fallecimiento en Tokio, a la edad de 83 años, hablan de él como el Eastwood nipón y resaltan su facilidad para encarnar personajes inmersos en el universo yakuza. Es cierto, su filmografía en los 60 está llena de vaqueros con katana (The Driftin Avenger; de Jun'ya Sato), personajes con inviolables códigos de honor (Lobos, cerdos y hombres; dirigida por el maestro Kinji Fukasaku), bien, acechados por su pasado (A fugitive from the past, de Tomu Uchida) o bien sedientos de venganza (Japanese Yakuza; de Masahiro Makino); así como una indudable capacidad dramática adquirida a lo largo de los años, veteranía que le permite, entre otras virtudes, salir airoso en un duelo cara a cara con el mismísimo Robert Mitchum. El salto al cine internacional lo había hecho Takakura gracias a un film bélico (como no podía ser de otra forma en aquellos tiempos) de la mano de Robert Aldrich en "Comando en el mar de China" (1970), dando réplica en pantalla a actores consagrados de la talla de Michael Caine o Henry Fonda, pero sería con el film de culto YAKUZA (Sidney Pollack, 1974) cuando el defenestrado actor japonés se ganó un rinconcito en nuestros cinemaníacos corazones. Hubo amago de repetir la fórmula con Black Rain (Ridley Scott, 1989) pero ni Michael Douglas es Robert Mitchum ni el escaparate resultó ser el mismo que el ideado por el genial guión de Paul Schrader en los setenta. El papel del difunto en tan mítica película provocó en un servidor admiración incondicional a todo lo que tuviera que ver con el apellido Takakura. Aprovecho este conmemorativo requiem para recomendar dos películas del desaparecido actor que harán las delicias del tumbero exigente: la entrañable road movie El pañuelo amarillo de la felicidad (Yoji Yamada, 1977) y el nevado drama carcelario Abashiri Prison (Teruo Ishii, 1965). Prometemos profundizar todavía más en la combustible obra de este actor memorable. R.I.P.


miércoles, 4 de marzo de 2015

SUPERDUPERMENSCH. Alice Cooper y Shep Gordon en doble sesión de documentales a la carta.

SUPERMENCH: The legend of Shep Gordon (2013). "Si hago bien mi trabajo probablemente te mataré". Un tipo curioso donde los haya, alguien tan veraz que resulta increíble. El judío multimillonario mánager de Alice Cooper, que además ha sido confidente y amigo de músicos y actores tan distinguidos en esta redacción como Groucho Marx, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Sharon Stone, Blondie, Cary Grant, Michael Douglas..., sabía que no había nada como un buen escándalo para lanzar una carrera. Convertido en uno de los personajes más queridos dentro del afamado vecindario del boulevard de los Sueños el carisma e innegociable dignidad tumbera del acojonante Shep Gordon con razón se merecían un documental a la altura del mito. La ajetreada vida tras bambalinas de este quijotesco mecenas es un festivo ritual preñado de sexo, drogas y rock&roll; un alucinógeno viaje por moteles de segunda, comisarías de policía, mansiones de lujo, terapias budistas, platos de cocina michelín, de amenazas mafiosas, encuentros carnales y mantras salvajes que dificilmente podrás olvidar. Qué envidia me da el señor Gordon, en serio.



SUPER DUPER: The Alice Cooper story (2013). Una vez digerido el aclamado superfilm sobre Shep Gordon nos debería de haber quedado claro quién fue el verdadero impulsor de la exitosa carrera del señor Vincent Furnier. Para eso sirven los buenos mánagers, que diría un empresario. Lo que pretende contarnos el dinámico y sustancial documental Super Duper es el resto de la historia, el salto a la fama de su protagonista; la biografía de un Alice Cooper centrada en la lucha personal argumentada a lo Dr. Jekyll & Mr. Hyde respaldada por un repertorio rico en imágenes inéditas y espectaculares, testimonios reveladores y un montaje un tanto arriesgado. Lástima que esta interesante terapia incurra en graves omisiones y demasiado egocentrismo. Así, no es de recibo que se ignore al gran Michael Bruce, artífice de los riffs más impactantes del repertorio más clásico y malvado de Alice, aquí sospechosamente dejado de lado. Con todo, el mermado documental se deja ver pero el sabor agridulce y las sombras discrepantes hacen necesario un nuevo relato biográfico menos condencendiente y más crítico con Alicia. El fan se lo merece.

sábado, 28 de febrero de 2015

CASPA Y PUTERÍO: María José CANTUDO,




En las mazmorras del cine español figuran pelandruscas que son puro vicio. El destape nacional durante la transición levantó toda una polvareda de caspa y puterío. Entre tantas eternas promesas tardo-adolescentes dispuestas al despelote (en su gran mayoría mediocres actrices) destacó en lo suyo la andaluza Mª José Cantudo. Su mata de pubis fue el primer desnudo frontal visto en una película española y pantalla española (La Trastienda, Jorge Grau, 1975), 2.642.790 espectadores pasaron por taquilla después de dormir la siesta deseosos de contemplar in situ el gran acontecimiento. No hace falta decir que la pelambrera de la Cantudo es de largo lo más reseñable de este drama erótico y provocador sobre cuernos y fornicación. Su presencia en posteriores films como Las delicias de los verdes años (76), El huerto del francés (Paul Naschy, 1977), Piernas Cruzadas (82) o Las chicas del bingo (82) sirvieron para echar más leña al fuego de nuestros pecados y de paso confirmar el buen estado de salud que por aquel entonces se gastaba la actriz de provincias. 
Si queremos recordar un título entre toda su filmografía que realmente merezca la pena debemos remontarnos a los inicios de su carrera. En 1972 tuvo lugar un detalle de transcendencia para que el cine españól de género, hasta entonces ninguneado y carente de toda ayuda, comenzase su década de oro. Un productor valenciano loco por el cine fantástico y de horror, J. A. Perez Giner, toma el mando y da un vuelco a la productora barcelonesa Profilmes S.A. El despegue de fantaterror made in spain  no sería total si este señor se hubiese dedicado a otra empresa. Cineastas con agallas empiezan a gozar de libertad creativa, es el caso de Carlos Aured que con EL ESPANTO SURGE DE LA TUMBA (1973) firma uno de los hitos de referencia del terror de Serie B cañí. El director murciano se vería respaldado y aconsejado en todo momento por el maestro Paul Naschy (que no solo interpreta ¡un triple papel! sino que además escribe el tarzánico guión) y encima tendría a otro mito como Leon Klimovsky (La Noche de Walpurgis) ayudándolo en tareas de retaguardia. La guinda a este pastel de horror gótico-erótico cercano al gore la pone el elenco de féminas elegidas a dedo: La siempre elegante Helga Liné, y una despampanante Agata Lys en la flor de la vida. Al lado de estas vampiras María José Cantudo, jovencísima, encantadoramente naif, debutando en la gran pantalla haciendo de zombie  y participando en algunas de las escenas más poderosas del film. 

 


domingo, 22 de febrero de 2015

ADIÓS AL SOULMAN DESAPERCIBIDO

Don Covay (1938 - 2015)

No hay lugar de honor en el Salón de la Fama para los gregarios, ni vivos ni muertos. Aquellos derrotados como Don Covay reposan arrinconados en el cementerio del paraíso, así sin más. De poco sirven los homenajes de los amigos, los afectos conquistados aquí y allá, si al final falleces solitario y olvidado en un asilo. Parece que a nadie le importe una mierda que un día levantaras una humareda sónica de proporciones épicas, una estela a seguir, a imitar, una carga de profundidad que eclosionaría en el soul definitorio de los años sesenta y que iluminaría el cielo oscuro preñándolo de gemidos y sirenas, de vibraciones ultrasensoriales, de divertidas jam sessions, de burlescos falsetes y composiciones legendarias jamás recompensadas. Ya pocos se acuerdan del hijo del predicador que avanzó por el mundillo del ritmo de la mano de Little Richard, compuso temas que luego harían suyos colosos como Aretha Franklin, Otis Redding, Wilson Pickett, Etta James, Solomon Burke, Booker T & the MGs., Louis Prima, The Shirelles, Chubby Checker, Joe Tex y un sin fin de músicos y bandas fuera de EE.UU que van desde los Kinks, los Small Faces o los Rolling Stones. Vivir de los derechos de autor no es saludable, el cariño de la gente sí. Covay fue un genio desapercibido. Admiradores como Iggy, Todd Rundgren, Jeff Lynne, Keith Richards o Paul McCartney  (Bobby Womack y Jimi Hendrix también, de no haber palmado antes) te dirán de corazón que tras la desaparición de Don Covay el mundo pierde a un artista irrepetible aunque el mundo todavía no se haya dado cuenta (¿Verdad, Van Morrison?). Descansa en paz, querido Don.



martes, 17 de febrero de 2015

DOCUMENTALES MUSICALES: LOS ROCKERS, REBELDE ROCK & ROLL (2012)


El tan certero y puñetero axioma "It's a long way to the top (if you wanna rock'n'roll)" calza aquí con toda su furia y tragedia... Y si no que se lo digan a Los Rockers y a tantas otras bandas de rock que a lo largo de la historia lo han sufrido en sus carnes. Soñar a lo grande en tres acordes tiene su precio y no son pocos los valientes vestidos de negro que han abandonado antes de tiempo o se han dejado amedrentar por los avatares del largo, empinado y tortuoso camino a la maldita cima del rock'n'roll. Los chilenos Rockers pertenecen pues a ese rango de artistas condenados, a esa noble casta de perdedores que tanto nos gusta reseñar en esta casa.
De entrada desconocíamos el sonido de la banda, clásico y sencillo rockabilly en la frontera del pop troglodita, pero lo que nos sedujo de REBELDE ROCK'N'ROLL (Matías Pinochet, 2012) fue la historia de un dulce fracaso quizás no tan transcendental como el documentado en las descomunales "The Story of Anvil" o "Last days here" pero sí de similar tono y trazado, con los elementos de placer suficientes como para descojonarnos y disfrutar de lo lindo con las desventuras de Pato, Walter, Matías y el resto de dicharacheros personajes de la cinta. Siendo crueles nos encanta esta película. Noventa minutos de metraje que son puro spinal tap. Después del rosario de fugas, ridiculeces, entrevistas en crudo, conciertos cancelados, mítines izquierdistas, resacas justicieras, aforos vacíos, falta de medios, (des)engaños, egos, tropelías y decisiones de frenopático (¡atención a la mánager comunista y sus borracheras de órdago!) cualquier espectador despistado creerá haber visto un documental de ficción y no uno basado en los destronchantes hechos reales de un grupo con mala suerte llamado Los Rockers. Para disfrutar con una birra y un buen canuto en la mano.

martes, 10 de febrero de 2015

PAPELES: JINETES EN LA TORMENTA (Diego Manrique)


Siempre es un placer leer a un periodista vivo (y no solo de los así llamados musicales) capaz de contar algo nuevo de los viejos temas. Alguien desprovisto de egos, un francotirador con cuatro décadas en las trincheras del rock&roll, movido por la sana curiosidad de saber como funcionan las cosas y con un punto de vista que puede ir cambiando con uno según pasan las músicas y vuelan los años. El otrora vigoroso educador radiofónico Diego A. Manrique es hoy un escritor de prosa certera al que hay que respetar dentro (y fuera) del redundante mundillo musical. Sus ensayos, relatos, críticas u opiniones perfilan tupidos análisis (sobre cualquier tema que le dé la gana escribir) tan fiables y exhaustivos que triunfan todopoderosos. Porque al fin y al cabo, los textos del maestro Manrique parecen tratar siempre sobre algo más importante que la música: la vida misma y sus reveses. En ello radica su gran virtud. Es justo pues diferenciar entre el autor de "Jinetes en la tormenta" de la inmensa mayoría de críticos musicales de este país. Te guste o no, estamos ante una eminencia de la contracultura que adora y reza a los mismos 'dioses' que nosotros difundiendo sus leyendas, miserias y proezas de manera lúdico-musical. Los veteranos trasnochados no dudarán en devorar "Jinetes en la tormenta", libro que debe su precioso título a una canción de los Doors, y que recopila los precisos artículos, entrevistas y reportajes publicados por Diego en las páginas del diario El País. Un tren de largo recorrido por el planeta Rock que no deberías dejar pasar de largo.


jueves, 5 de febrero de 2015

EN BUSCA DEL CINE PERDIDO: "EL VISITANTE NOCTURNO" (The Night Visitor. 1970)


LA TRAMA:  Un hombre es encarcelado injustamente por un delito que jamás cometió. enloquecido, escapará de la cárcel cada noche para ir asesinando uno a uno a los miembros de su familia, responsables de su desgracia. Tras cada crimen, retorna a su celda, lo que hará que la policía sospeche que los hermanos se están matando entre sí.

He aquí un pequeño tesoro oculto en la filmografía de un director a reivindicar, Laszlo Benedek. Por si no lo recuerdan el húngaro fue el que filmó al mejor Marlon Brando en la modélica "The Wild One" (Salvaje, 1953), un film que creó tendencias y catapultaría a otro "de los nuestros": Lee Marvin. Sus furiosos inicios como cineasta en la meca del cine darían paso a una corta e irregular carrera finiquitada en el viejo continente (Suecia puso los dólares) con esta admirable cinta ambientada en el universo neo-noir. En The Night Visitor no faltan las motivaciones psicológicas, la violencia explícita, asesinatos en serie, rituales vengativos, el suspense y demás piedras angulares que acostumbra a lucir este tipo de movimiento genérico. Será gracias al ingenioso guión de Guy Elmes -al que pone sintonía el maestro Henry Mancini- que la película se convierta en una interesante variación sobre la figura del psicho killer. Pero si algo resalta de manera primorosa en esta película sueca es la sobrecogedora atmósfera, a base de desolados paisajes nevados, por los que pululan los grandísimos intérpretes que aparecen en pantalla. No todos los días se topa uno con un reparto de relumbrón dando lo mejor de sí, y encima, en registros a los que nos tienen poco acostumbrados. Hablamos de algunos de los mejores actores del cine de autor europeo de siempre, Max Von Sydow y Liv Ullmann, tan alejados de los papeles en pareja que tantas veces interpretaron en los films escuela de Ingmar Bergman y que aquí los disfrutamos alegremente deshubicados y maravillosos. Añádan al curtido Per Oscarson -bordando su papel de malhechor- y al siempre cautivador Trevor Howard -ejerciendo de brazo fuerte de la ley- (y cuyo rostro tumbero es al cine de horror germano-europeo lo que Boris Karloff es al norteamericano) y tendrán ustedes el guiso perfecto. Cómo para perdérselo.


viernes, 30 de enero de 2015

C.R.A.Z.Y.(2005): PONIENDOLE BANDA SONORA A UNA FAMILIA NUMEROSA


Para nada me esperaba algo así. Uno tiene la sensación de haber visto esta película mil veces: problemas familiares entre padres, hijos y hermanos; el melodrama de las drogas (duras y blandas); el miedo adolescente a crecer; el despertar sexual (el "aceptado" y el "prohibido"); la necesidad de amar y ser amado... Pero tan pronto dejamos atrás nuestros temores iniciales descubrimos -a ritmo de clásicos de rock and roll-  una gratificante afirmación de cine por todo lo alto. C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005) es una delicia rematadamente divertida y emotiva, una cinta nada sensiblera pese al manoseado tema a tratar.

En en nombre del disco.
Pocas veces una banda sonora -rockera- encuentra su razón de ser, su espacio vital, de manera tan natural y participativa como en este largometraje canadiense. Cada sublime canción (bien provengan de Bowie, Pink Floyd o los Stones) tiene su poder narrativo y ocupa el lugar idóneo en determinados momentos de la historia, no están ahí por simple decorado, en cierto modo son el alma de la película. Bravo por el director, que además de buen gusto, es de los pocos románticos que todavía creen en el valor curativo del rock y no dudan en celebrarlo a los cuatro vientos. Visto el magnífico resultado no es de extrañar que años después Jean-Marc Vallée facturara otra estupenda película como fue Dallas Buyers Club (2013), esta vez apoyándose en el talento de Matthew McConaughey para seguir contándonos los conflictos y dramas de la homosexualidad con sinceridad y realismo. Actualmente el director y guionista nacido en Montreal (Quebec, 1963) está trabajando en el biopic de Janis Joplin, y sinceramente, dado sus antecedentes, confiamos ciegamente en el creador de C.R.A.Z.Y. para llevar a buen puerto la siempre espinosa tarea de ver reflejada en pantalla la vida y obra de tu estrella de rock favorita. Por lo pronto con esta sencilla historia familiar musicalizada se ha ganado a pulso un pequeño hueco en nuestros corazoncitos. La cinta está pues donde se merece, figura en la estantería tumbera al lado de The Commitments (1991), Still Crazy (1998), Hedwig and the Angry Inch (2001), Not Fade Away (2012) y variopintos títulos de cabecera.



sábado, 24 de enero de 2015

BUEN VIAJE, Dr. GEORGE. Nos vemos en el año 80270 (ROD TAYLOR: R.I.P.)



Rod Taylor (1930-2015)

El pasado día 7 partió hacia las estrellas uno de esos actores que dejan huella. El soñador rebelde marsupial fue uno de los grandes Ladrones de trenes del dorado y añejo Hollywood de los años 60, el primer y más entrañable personaje que viajó en La máquina del tiempo ideada por H. G. Wells, el pájaro galán que compartió carantoñas con Tippi Hedren, el mercenario héroe de acción bastarda que engatusaría a un tal Tarantino (Ultimo tren a Katanga), un intérprete notable, entregado y apasionado de su trabajo que incluso llegó a dejarse seducir por los transgresores cánticos del cine underground saliendo airoso (Zabriskie Point, 1970; Michelangelo Antonioni). Del cielo al infierno hay un peldaño y la figura del abandonado Rod Taylor se fue deteriorando por el inexorable paso del tiempo condenado al purgatorio de la Serie B. Desde aquí queremos despedir con honores de piloto interestelar a todo un clásico de la ciencia ficción y el cine de aventuras. Volver a repasar la trepidante y decimonónica THE TIME MACHINE (George Pal, 1960) es recordar la grandeza de un cine ya perdido. Para gente como nosotros  -profanadores de tumbas y románticos empedernidos- una obra maestra entrañable e irrepetible. Va por tí, australiano! Morlocks y Elois te aguardan en la dimensión desconocida.


domingo, 18 de enero de 2015

ROCK'N'ROLL JUNKIES: HERMAN BROOD, EL HOLANDÉS GALOPANTE


El macarrilla de HERMAN BROOD (1946-2001) galopaba dopado y errante -pero elegante- a lomos de su caballo 'Nacido para perder'. El voceras y pianista holandés fue otro de esos genuinos bandidos desmadrados que enarbolaban la bandera de rock'n'roll junkie hasta sus últimas consecuencias. Al igual que antiguos compinches de jeringa como Johnny Thunders o Willy De Ville las leyendas de su calaña viven al límite sin pose ninguna. Tal vocación de sinceridad -musical-, intensidad y excesos a ritmo infernal acaba por pasar factura al más brillante de los artistas, por no hablar de los inconvenientes que dicha actitud provoca en cuerpo, mente y alma de todo adicto a rock star. Años de dedicación que, en el caso de Herman Brood, saltaron por la ventana de un hotel de Amsterdam el día en que se suicidó.

Los incondicionales al romancero sudoroso de la vieja escuela -aquellos ritmos salvajes y sexuales que te sujetan por los huevos y te dejan sin respiración abrasándote dos o tres minutos la entrepierna- agradecerán la maravillosa capacidad vocal y desbordante mezcla de blues dicharachero, palpitante rock, soul-funk mutante, swing punk y diarrea nuevaolera que hace inconfundible el sonido de este fanático de Little Richard, Fats Domino, Jerry Lee Lewis, Mick Jagger, Sylvester Stallone y Cassius Clay. Si quieres sentir el aguijonazo de este suicida del rock'n'roll no tienes más que sumergirte en los surcos de discos como Street (Ariola, 1977), Shpritsz (Ariola, 1978) o Go Nutz (aquí arropado por el recientemente fallecido Kim Fowley) y tendrás tu inyección de rock en vena sin aditivos ni conservantes. Pildorazos del calibre de "Rock'n'roll Junkie" o "Born Before My Time" son la mejor droga posible. Sin duda querrás más dosis. Os recomendamos pasar el  mono degustando el film Cha Cha (1979) y comprobar en celuloide el estado y el protagonismo de nuestro genuino drogata. En la cinta europea actúa Nina Hagen como reclamo comercial de la época pero es el desarmante Brood quien factura las mejores canciones y protagoniza los momentos bárbaros de la película.



martes, 13 de enero de 2015

MACARRAS DEL SOUL: Adiós a Jo Jo Benson


Un príncipe desterrado del soul y el R&B ha hecho mutis. Su voz y figura quizás no fuese tan recordada como la de otros grandes artistas con los que estuvo de gira, BB King y Smokey Robinson entre ellos, pero no por ello deja de entristecernos su fuga. Cualquiera que cante como Jo Jo Benson solía hacer merece un reconocimiento a tumba abierta. Nacido en Alabama en 1941, Joseph Hewel, como así le bautizó su madre, aprendió el oficio cantando de crío en las iglesias como hicieron tantos y tantos futuros iluminados de la música negra. Cuando se enteraron en casa que el pequeño Joseph pasaba las noches en garitos y clubs de mala muerte ya fue demasiado tarde. No había vuelta atrás. A finales de los 60 montó el celebrado duo con la neoyorquina Peggy Scott y sacaron un puñado de sencillos que hoy son dinamita pura en cualquier guateque marchoso que se precie. Cortarían su relación en 1971, aunque la retomarían en los ochenta, pero ni el disco que sacaron en 1984 ni su regreso al negocio tendría repercusión alguna en critica o público. Son sus dos primeros discos los que sustentarán el peso de la leyenda. Nada más comienzan a sonar los iniciales zarpazos de "Soulshake" o los de la maravillosa "Pickin' wild mountain berries" que un poderoso ritmo del que no puedes escapar se apodera de tí. Canciones que levantan a los muertos.
La tambaleante carrera musical de Benson goza de una crónica macarrilla acorde a las historias de derrotados soulman de la vieja escuela que regresa al barrio en los años setenta. La fiesta da paso a la resaca, y ésta, a la pesadilla, y Jo Jo es tiroteado y herido de gravedad en un atraco a una partida de póker en la que mueren dos hombres que jugaban a las cartas con él. Se recuperó (incluso grabó algún disco en este siglo) y terminó sus días regentando clubs nocturnos. Descanse ahora en paz.

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